Líbano no es una destino muy popular entre los turistas y los viajeros – ¡y es una lástima! Este minúsculo país, de una superficie más pequeña que la comunidad de Asturias, tiene muchas cosas que ofrecer, para todos los gustos. Lo que quieras: mar, montañas, sol, nieve, deportes acuáticos, deportes de nieve, ciudades modernas, pueblos tradicionales… Podría seguir enumerando durante horas.

Su reducido tamaño tremenda ventaja, porque no vas a tener necesidad de trasladarte de una ciudad a otra cada dos o tres días como lo sueles hacer cuando viajas de mochilero en países más grandes. La mejor manera de visitar el Líbano es quedarte en Beirut y alquilar un coche para recorrer el país (¡cuidado con el tráfico!). Cada escapada te tomará un solo día. Desde Beirut hasta la frontera con Israel en el sur hay un poco más de 150 km – puedes recorrer el camino en unas 3 horas y media-. Del otro lado, desde Beirut hasta Tripoli en el norte son tan sólo unos 85km – que puedes recorrer en una hora y media -. En realidad, si sólo te dedicas a conducir desde el norte al sur o al revés sin parar en ningún momento, puedes cruzar el país en unas 6 horas. ¿Increíble, no?

Para animarte a visitarlo aquí tienes 10 cosas que hacer en Líbano.

1. Pasear por Beirut:

Sin duda Beirut está en el top 5 de mis ciudades favoritas. Es llamado el París del Medio Oriente, ya que es una ciudad moderna, viva y con muchas atracciones. Está llena de contrastes: zonas modernas, ricas, con tiendas de marca, restaurantes elegantes y night-clubs y zonas destruidas, llenas de edificios derrumbados y de ambiente triste. Beirut ha sufrido mucho, pero no se ha dejado vencer y te sorprenderá con su activa vida nocturna y cultural.

Lo que seguramente no te puedes perder de Beirut, y mi lugar favorito de la ciudad, es el paseo marítimo, el malecón, la Rauche. Allí es donde están ubicadas las Rocas de Rauche – el símbolo turístico de la ciudad (foto superior). Este sarcófago pertenece al Museo Nacional de Beirut:

Beirut_National_Museum_El_Magacín

2. Navegar en barco en Biblos:

Biblos es una de las ciudades más antiguas del Líbano. También es conocido Biblos como Jbeil, que es el que se utiliza en la zona. Biblos fue el nombre que le dieron a la ciudad los griegos y Jbeil es su nombre en árabe. Es una ciudad fenicia que fue construida en una colina y tiene una historia muy interesante. La parte más antigua de la ciudad está inscrita en la lista de Patrimonio de la Humanidad de UNESCO, gracias a su historia que aporta muchos detalles sobre los principios de la civilización y el alfabeto fenicio.

Curiosidad: La palabra Biblia viene de Biblos.

Hay dos cosas que tienes que hacer en Biblos sí o sí: pasearte entre las callejuelas del souk y navegar en un barco por la costa, ya que la ciudad tiene un puerto. ¡Los paisajes son realmente hermosos!

Puerto de Biblos. El Magacín.

3. Visitar las ruinas antiguas en Baalbeck:

Baalbeck es uno de esos lugares que tienes que ver por lo menos una vez en tu vida. En la antigüedad la ciudad de Baalbeck tenía el nombre de Heliópolis y era una colonia romana. Su nombre proviene de la deidad local Baal – el dios del sol, asociado con Helios, el dios del sol griego-.

¿Porqué es tan interesante? Gracias a los templos, que fueron erigidos en honor de la Triada heliopolitana (Júpiter, Mercurio y Venus) y que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estando en Baalbeck puedes visitar también el Hajar al-Hibla – la piedra tallada más grande del mundo, que te hará cómo hicieron para trasladar una piedra de este tamaño.

Baalbeck está ubicado a 2 horas al este de Beirut – son más o menos unos 86 km de distancia – . Como ves, ¡todo en Líbano está cerca!

Baalbeck. El Magacín.

4. Visitar el Santuario de Nuestra Señora del Líbano:

El Santuario de Nuestra Señora del LíbanoNotre Dame du Liban– es un lugar de peregrinación para los cristianos que viven en Líbano y para los turistas. Tiene una estatua de la Virgen María, construida en la cima de una montaña a 650 metros de altura sobre el nivel del mar y está ubicada en Jounieh, a 20 km de Beirut. Es una estatua de 15 toneladas de bronce (y pintado de blanco). Este lugar es también conocido con el nombre de Harissa. La mejor manera de acceder a ella es tomar el Téléférique –un teleférico que te lleva hacia la cima-. La cabina tiene los cristales transparentes y puedes ver un paisaje acongojante. Mientras asciende pasa tan cerca de los edificios que he podido ver personalmente la gente dentro de sus casas.

El Santuario en sí es un lugar ideal para tomar fotos panorámicas de la ciudad de Jounieh, y rezar a la Virgen en la pequeña capilla que se encuentra en la base de la estatua.



5. Pasear por Saida:

No puedo ser objetiva en cuanto a Saida. Es la ciudad donde vive mi familia libanesa y la ciudad de mi infancia. La adoro: es una ciudad que recoge lo mejor de la esencia del Líbano, tradicional, con el ruido típico del tráfico agitado en las calles, con el mar, con los cantos de las mezquitas llamando al rezo 5 veces al día. Es una de las ciudades más importantes de Líbano y por favor ¡no te la pierdas!

Una de las razones por las que tienes que visitar Saida es el Castillo de Sidón (Sidón es otro nombre de la ciudad), construido por los cruzados en el año 1228, y también por los souks –los mercados árabes– para perderte en sus callejuelas y sus tiendas.

Saida. El Magacín.

6. Ver la triple cascada de Baatara:

La triple cascada de Baatara es una de las maravillas naturales que deberías añadir a tu lista de lugares para ver antes de morir, no ya en el Próximo Oriente, sino en el mundo entero. Es una cascada dentro de una cueva que pasa por tres puentes formados de una manera natural por la roca caliza. La cueva se conoce también como la Cueva de los Tres Puentes. La cascada, sin embargo, no se puede ver todo el año. Se crea gracias al agua de la nieve que se derrite y cae en forma de cascada dentro de la cueva de 255 metros. El mejor periodo para ir allí es entre marzo y abril que es cuando se derrite la nieve.

La cascada está ubicada junto a la ciudad de Balaa, a 74 km de Beirut –son dos horas de camino en coche-.

Baatara. El Líbano. El Magacín.

7. Conocer el árbol nacional de Líbano:

El cedro es un árbol impresionante. Simboliza inmortalidad, debido a la extrema longevidad de esta especie. Se cree también que el cedro tiene propiedades espirituales que ayudan a uno escuchar los mensajes que provienen de su interior.

El cedro es el árbol nativo de Líbano: se encuentra en su bandera y en su escudo de armas y es el símbolo nacional. Desafortunadamente, el árbol se encuentra en peligro de extinción y esto me llena de mucha tristeza… ¿Qué hará el Líbano sin sus cedros?

Puedes ver los cedros en el lugar conocido como Los Cedros de Dios, ubicado al lado del pueblo de Bcharre. Son los restos de los inmensos bosques de cedros que se encontraban en las montañas de Líbano. Bcharre está ubicado a unos 120 km de Beirut, yendo al este, en las montañas. Puedes accederlo en unas 2 horas y media en coche.



8. Ver el atardecer en Naqoura:

Naqoura es un pequeño pueblo en el sur de Líbano, muy cerca de la frontera con Israel. La información en internet sobre esta pequeña localidad es tan escasa que es difícil encontrar cualquier detalle. No hay muchas personas que hayan estado en Naqoura, así que será un lugar ideal para ti si te gustan los lugares tranquilos y libres de turistas.

Yo fui allí sólo para ver el atardecer y la increíble vista al mar desde las montañas, por donde lleva la ruta hacia la frontera con Israel. Es un lugar hermoso para tomar fotos y disfrutar de la paz que transmite el mar.

9. Visitar la gruta de Jeita:

La gruta de Jeita está situada a 18km de Beirut y es un punto obligatorio en tu recorrido por Líbano. Es una caverna – más bien dos cavernas – de piedra caliza, que sólo se pueden visitar en unos pequeños barcos, ya que es un río subterráneo de agua potable para los habitantes del país. Si la naturaleza te fascina tanto como a mí, no te puedes perder esta maravilla.

Gruta de Jeita. El Magacín.

10. Poner tu pie en la frontera con Israel:

Lo más increíble del paseo hasta la frontera entre Líbano e Israel era para mí la sensación de estar tan cerca de otro país que si ponía mi pie un paso más adelante estaría ya en Israel. Y contrariamente a lo que me imaginaba mientras estaba conduciendo desde Saida hasta la frontera, el paisaje y todo lo demás no cambia absolutamente nada de nada. Mirando el paisaje del norte de Israel me parecía estar viendo la continuación de Líbano y lo único que realmente separaba estos dos países era la reja en la frontera y los soldados de la ONU cuidando que nadie pase al otro lado.

Si te recomiendo ir allí es sobre todo por esa sensación de estar entre dos países, pero también para visitar los pueblos libaneses que están siendo destruidas continuamente, en cada conflicto entre Líbano e Israel. Estos pueblos son un increíble ejemplo de la fuerza y amor por la tierra, ya que sus habitantes no los abandonan sino se levantan después de cada ataque y siguen reconstruyendo sus pueblos incansablemente una y otra vez.

Tropas de la ONU en el Líbano. El Magacín.

Otra cosa muy interesante en la frontera con Israel es la oportunidad que tendrás para conversar con los soldados de la ONU, quienes con mucho gusto hablan con los turistas y posan para las fotos.

Líbano es sin duda uno de los países más lindos y más acogedores que he visitado en toda mi vida viajera. ¡Espero que este artículo que ha inspirado para añadir Líbano a la lista de tus próximos viajes!

Escrito por Karolina, autora del blog de viajes La Polaca por el Mundo

Artículos relacionados